Inicio / Ultimas noticias / El Hamelín mileurista de Sniace

El Hamelín mileurista de Sniace

Había cierta expectación por los números que presentaría Sniace como balance del primer año del inicio de actividad. No ha habido sorpresas. Sniace sigue el camino de acumulación de  pérdidas y su presidente mantiene su condición de mileurista.

Inasequible al desaliento y a un balance económico desastroso, Blas Mezquita Sáez ha conseguido un año más mantenerse en su cargo a razón de mil euros …al día. Como a un limón reseco, Mezquita, con la colaboración inexplicable de Félix Revuelta Fernández y  Sabino García Vallina, estruja y estruja a los accionistas de Sniace sin que parezca tener fin su paciencia. La música que sale de la flauta de este  Hamelín ha venido atrapando  a una legión de ilusos pequeños inversionistas, que hipnotizados por su conocida y repetida  melodía, les ha llevado a entregar sin resistencia  sus pequeños ahorros.

Cuando en agosto de 2006, armado de su instrumento favorito,  tocó con fuerza la melodía del bioetanol, consiguió que detrás de él desfilase una procesión de crédulos accionistas.  La música era tan pegadiza que aflojaron casi 90 millones de euros confiando en los fantásticos réditos de la nueva panacea energética. A la cabeza, bien visible,  el tal Revuelta. Pasaron los años y aun cuando era más que evidente que el bioetanol era un auténtico bluf, el mileurista seguía acudiendo a la junta de accionistas prometiéndoles a estos infelices un futuro de esplendor.  ¿Recuerdan aquella  famosa musiquilla de que el 80% de Sniace iba a ser energía? Enterraba entonces  los negocios tradicionales y hete aquí y ahora, anunciando una Sniace que el 80% de Viscocel, la misma que anunció al comité que quería cerrar por inviable,  va a ser la estrella del negocio con un nuevo  producto estrella, previo afloje, claro está, de 30 millones por parte de la cuadrilla. Como dice Revilla ¡Viva el vino!

Tras estirar los 90 millones sin un bioetanol qué echarse a la cara, les endosa casi 200 millones de deuda a los sufridos trabajadores y proveedores. Llega el colapso y el cierre, pero  él sigue, cada día de cada mes,  de cada año de empresa  cerrada, con su condición de  mileurista. Los trabajadores a buscarse la vida y en vez de recibir un requerimiento judicial para que justifique el multimillonario despilfarro, recibe el abrazo y apoyo de algunos sindicatos comprados y de un Gobierno regional atolondrado ¡Viva el vino!

La “milagrosa” vuelta a la cotización en Bolsa, de la mano de la Popular Elvira Rodríguez, y con un prospecto de advertencias  y precauciones  más extenso que el  del  aguarrás, encontró vía libre para seguir tocando la flauta. Elaboró un plan de viabilidad de 763 folios tan poco realista  como falso. Según el plan,  retirando el carísimo gas y utilizando el carbón estaba  el problema solucionado. De entonces acá no se ha quemado un kilo y se ha clausurado definitivamente esa central térmica por obsoleta. En total, 25 millones a aflojar. La musiquilla volvió a funcionar. Volvieron a picar el tal Revuelta y la misma compañía. Más madera.

Salvo algunos avispados accionistas, que entraron y salieron como alma que lleva el diablo, la fila de entusiastas y atrapados se multiplica.  Mientras tanto, el Gobierno cántabro proclama sus alabanzas  y los sindicatos se calzan las albarcas para honrar al nuevo  San Blas. ¡Milagro!

La jugada es tan magistral que consigue que los de siempre apoquinen la pasta y que ningún inversor verdadero aparezca, no vaya a ser que le ponga la maleta en la verja. Es conocido que cuando han llamado a su puerta la condición sine qua non  era mantener  su condición de prima donna y su salario de mileurista. Claro está que una cosa es tocar la flauta y otra dar queso  y con el historial de despilfarro de Blas a ningún inversor  en su sano juicio, salvo al tal Revuelta, se le ocurre dejarle  el número pin de su cuenta bancaria.

Y pulidos los 25 millones, a nuestro flautista no le queda otra, si quiera mantener la condición de mileurista, que hacer más agujeros al instrumento. Intenta un doble salto mortal que ha dejado helado hasta  al más candoroso de los accionistas. Les requiere, so pena de perder todo lo invertido, una nueva remesa de 30 millones de euros. Una jugada digna del mejor trilero.   El queso tiene, en esta ocasión,  forma de dispensador de toallitas.

Este Hamelín  ha dejado en la calle a cientos de trabajadores, arruinado a incontables pymes y familias y mantiene al borde del abismo una empresa que en otras manos y con acertadas inversiones es viable. Se acerca una Junta de Accionista y se corre el riesgo de que siga dependiendo de este prodigio del engaño lo poco que de esperanza tiene Sniace.  El tal Revuelta tiene en sus manos, además de dejar de hacer el primo, convertir Sniace en una empresa y no en un circo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.