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2013, un año para olvidar ( II )

 

Había mucho trabajo que hacer. Las semanas que siguieron a la aplicación del primer ERTE fueron un tanto confusas y había que marcar una línea a seguir. Para ello, si la imaginación no abunda, que mejor que desempolvar esa especie de guía Michelin de conflictos que era para algunos el libro histórico de la crisis de Sniace del 93. Un relato de unos momentos también muy difíciles de una época pasada y que, aunque mantiene algunos denominadores comunes, dista mucho de ser la actual, como iremos viendo más adelante.

Los primeros movimientos realizados fueron de carácter masivo. El apoyo popular volvía a ser protagonista en la crisis de Sniace. Miles de ciudadanos de la comarca se unían en las manifestaciones sin importar ideologías ni condición. Todos a una. Los medios de comunicación recogían documentos gráficos de este importante apoyo. Esas imágenes de ciudadanos en las calles hacen que muchas organizaciones políticas claven sus ojos en ellas y acudan como la abeja al panal a esa irresistible tentación de la vieja política española, que no es otra que aprovechar la ocasión y agitar el árbol para recoger nueces. Y todo ello sin implicar ni responsabilidad ni compromiso, ni siquiera ideas. Solo unas buenas dosis de demagogia oportunista ayudado con esa cierta amnesia colectiva que sufren los pueblos con lo acontecido en la política tan sólo un año atrás. Esto consigue que representantes políticos, con años de responsabilidades en el Gobierno autonómico anterior y por tanto en el devenir de Sniace, se paseen en las manifestaciones con la levedad del recién llegado…y la lengua desatada.

Había algo que no encajaba a ciertas formaciones políticas en las primeras manifestaciones. Si esa marea humana debía servir en un futuro cercano como ariete para desalojar al inquilino del Ayuntamiento de Torrelavega, de ninguna de las maneras podía participar el propio alcalde en ellas. Los insultos, los abucheos y las actitudes amenazadoras de quienes conscientes o no se prestaron a ese juego, fueron una constante. Como aun así, el terco alcalde persistía en la presencia, el propio Marcano debió pensar que era mejor hacerlo que mandarlo y, en un momento, blandiendo su paraguas, echó y arengó a la gente contra el alcalde, en una de las acciones más vergonzosas contempladas a un representante político de los llamados dentro del sistema.

Una vez conseguido el objetivo de poner de patitas en su despacho a Calderón, todo estaba listo para utilizar a los trabajadores de Sniace y sus familias. Convencer a parte del comité de poner a Calderón en la diana del conflicto fue más fácil que robar la cartera a una anciana. Como decía el secretario del comité cuando surgían discrepancias con USO en la organización de las manifestaciones “yo soy de izquierdas y esto se hace así”, es decir, por cojones. No es necesario seguir relatando como se fue utilizando a los trabajadores de Sniace durante todo el año 2013 ya que ha sido una constante indisimulable con unos objetivos de todos conocidos. Incluso se llegó a participar en una manifestación con el inequívoco slogan “hay que echarlos”. Ni que decir tiene que las asistencias a las manifestaciones han ido reduciéndose desde aquellos momentos, y no porque la gente votante conservadora estuviera más o menos cómoda, sino porque había muchos ciudadanos que salían de sus casa, paraguas y gabardina en mano dispuestos a pasar frio, para ayudar a los trabajadores de Sniace, no para hacer juegos políticos.

Si el problema de Sniace era el alcalde, una vez desalojado Calderón, la solución de las familias de Sniace vendrá de la mano del nuevo regidor/a. Esperamos con ansias ese momento.

Menos Comisiones y más soluciones.

Cuando comenzó el conflicto había muchas dudas entre todas las formaciones sindicales, entre ellas USO. La solución parecía muy compleja, más allá de un céntimo verde. Los problemas se agolpaban, muchos de ellos ya viejos conocidos y otros de nueva gestación. No sólo la energía, también los mercados, el medioambiente, la falta de competitividad, la deuda, proyectos que fracasan, etc., amenazaban. Por tanto, una vez desatada la crisis, la continuidad a medio-largo plazo sólo era posible si se encaraban todos los problemas en un plano de conjunto. Y en USO lo teníamos claro. Por ello, desde el primer momento apostamos por implicar a todos los actores en una mesa de diálogo.

Sniace necesitaba para su supervivencia que todos arrimaran el hombro. Ese foro, que necesariamente tenía que contar con las diferentes administraciones públicas, local, autonómica y estatal, junto con trabajadores y empresa, debía marcar el camino de salida. Eso que se venía a llamar la elaboración de un Plan de Viabilidad. Y así lo propusimos allí donde nos quisieron oír en el mes de enero.

Con la misma rapidez que USO lo puso sobre la mesa fue rechazado por los dos sindicatos que suman la mayoría. Rescatar del olvido aquellos argumentos de estos visionarios compañeros produce vergüenza pero es lo que hay. “Rechazamos un plan de viabilidad porque eso ya sabemos lo que significa para los trabajadores” “menos comisiones y más soluciones”.

Desconocemos si el rechazo fue consecuencia de que fue USO quien propuso el formato de la mesas de trabajo, y por tanto, “basta que sean ellos, nosotros al revés” como decía alguno durante las negociaciones del convenio, o simplemente desconocimiento.

La consecuencia es que aquello se convirtió en un argumento más de confrontación política entre quienes tienen las nueces y quien agitaba el árbol con la esperanza de recoger algunas de ellas.

Y así transcurrieron los primeros meses. Donde tenía que haber diálogo y compromiso, había confrontación y pocas ganas de encontrar un camino común. El PP se replegaba y despejaba balones como podía, todo hay que decirlo con muy poco éxito. Y en frente, regionalistas marcanistas, socialistas y grupos de izquierda radical, tan activos en estos tiempos como carentes de peso político, llevan a cabo una especie de “entente cordiale” para preparar la derrota del último ganador de las elecciones. Todo ello al calor de la angustia de los trabajadores de Sniace que su único objetivo es, como dejó escrito y cantado Jarcha: “Sólo he visto gente que sufre y calla, dolor y miedo, gente que sólo desea su pan, su hembra y la fiesta en paz”.

 

Un comentario

  1. asi asi…… las cosas claras y el chocolate espeso. que se les caiga la cara de verguenza a estos cuatro lumbreras y asamblearios! que tristes.
    por cierto, creo que tortilla ha pedido a los reyes magos unas pilas pa SU megafono

     

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